Iniciamos el año 2015 en nuestros Seminario Mayor y binacional, un proceso formativo con nuevas perspectivas e ilusiones haciendo como marco referencial la "escuela de discipular" de Jesús. Un grupo de nuevos hermanos de las diócesis de Tulcán e Ipiales comparten este camino de formación presbiteral. Y a decir verdad que el breve camino recorrido nos llena a todos de esperanzas.

El documento de la Iglesia Latinoamericana en Aparecida nos dice: "es necesario un proyecto formativo del seminario que ofrezca a los seminaristas un verdadero proceso integral. Es fundamental que, durante los años de formación, los seminaristas sean auténticos discípulos, llegando a realizar un verdadero encuentro personal con Jesucristo en la oración con la Palabra, para que establezcan con Él relaciones de amistad y amor, asegurando un atentico proceso de iniciación espiritual. La espiritualidad que se promueve deberá responder a la identidad de la propia vocación.."(A319).

Ideal

Formar integralmente los presbiterios de las Iglesias locales de Tulcán e Ipiales, siendo una comunidad viva y dinámica, que los haga discípulos misioneros al estilo de Jesús Maestro y Pastor para que responda eficazmente a los desafíos pastorales del momento comprometiéndose en la construcción de una sociedad más humana y justa.

Meta General

Al finalizar el año 2015 la comunidad del Seminario Binacional Nuestra Señora de La Paz en un ambiente de comunión y participación ha vivido la experiencia de integración y formación para ser discípulos y misioneros en el proceso de llegar a ser pastores según el corazón de Dios.

Criterios de formación

La pedagogía que pretendemos realizar va en consonancia con el PROYECTO FORMATIVO que orienta loa formación de buenos pastores según el corazón o querer de Dios, y que determinan su fisonomía para una nueva evangelización en nuestras Iglesias particulares:

1. El hombre es un ser integral, único e irrepetible. Lo percibimos y expresamos como un ser pluridimensional, pero que constituye su personalidad psico – afectiva, social, espiritual, intelectual y operacional. Dentro del proceso de formación – maduración establecemos las diversas dimensiones que expresan dinámica e integralmente, un todo. La división que hacemos en el plan de formación es de tipo metodológico: dimensión humano – comunitaria, espiritual, intelectual y pastoral.

2. La formación es el resultado del proceso de enseñanza aprendizaje que integra en todas las dimensiones la personalidad: el aprendizaje apunta a la transformación cualitativa y cuantitativa de la persona y debe marcar un claro progreso en nuevos modos de pensar, ver, juzgar y actuar en todos los niveles de relacionalidad.

3. La maduración es el objetivo del proceso de formación: por esto, la formación la asumimos de manera personalizada. Se trata de formar para la libertad y autonomía. La madurez la definimos y hacia allá apuntamos, como integración, unificación y equilibrio de la personalidad. La evaluamos positivamente observando si su desarrollo alcanza el nivel que corresponde a su etapa, definida por la edad, la situación particular, la historia personal, las oportunidades, los medios propuestos para tal fin. Para asegurar el éxito trabajamos con el PROYECTO DE VIDA PERSONAL, como herramienta segura del trabajo formativo.

4. La formación la desarrollamos con un proceso personalizado: realizamos una atención diversificada que evita la masificación y promueve el cultivo de los propios dones y carismas dentro del dinamismo de equilibrio humano, teniendo como guía el PROYECTO FORMATIVO.

5. Todo hombre es sujeto de su propia formación: en virtud de seres únicos e irrepetibles nadie puede ser remplazado en el hecho de existir, aprender y decidir.
Cada quien es sujeto en busca de sentido. A partir de sus necesidades se plantea retos y hace esfuerzos para realizar objetivos cada vez más altos. El hombre es un ser para optar, nadie vive sin optar por algo o alguien, lo que hace necesario EL PROYECTO con objetivos y metas que partiendo de la propia realidad lo comprometan afectiva y efectivamente en su propia formación. Además, nadie es autosuficiente, necesitamos la ayuda de otros. En este sentido, el acompañamiento de los formadores del seminario orienta la formación teniendo como base la disponibilidad y la sinceridad de los candidatos al presbiterado.

6. El trabajo formativo es participativo: involucramos las potencialidades de formadores y formandos en nuestro PROYECTO FORMATIVO, claro y elástico a la vez y con unidad de dirección donde los candidatos son protagonistas de su formación.

7. La formación esta encarnada en la cultura y en la situación donde trabajamos: el principio teológico de la encarnación está en estrecha relación con el proceso formativo. Formamos para prestar un servicio a las Iglesias particulares de la frontera Colombo – Ecuatoriana. Servimos a quienes conocemos. Dios asumió lo humano mediante la historia y la realidad de las personas a las que queremos servir. El misterio de la encarnación es, al mismo tiempo, eje de la vida espiritual y criterio de servicio pastoral.

8. La vida y obra de Jesús tiene la capacidad de liberar integralmente al hombre y de conducirlo a su plena madurez: Jesucristo es para nosotros el revelador del Padre y de su proyecto salvífico- liberador. Él encarna en su vida el proceso que anuncia.; es un ser libre, responsable, comprometido, solidario, servicial, coherente y amoroso.

9. El discipulado misionero, pedagogía de Jesús como modelo de formación: inspirados en la íntima comunión de vida de Jesús con los doce, convertimos le seminario como escuela y casa de formación, en una comunidad apostólica en torno al Señor Resucitado. Jesús formó discípulos y ellos hicieron escuela con su Maestro Mc 3, 13-17. Esta actividad pedagógica de Jesús tiene como objetivo conducir a sus discípulos al conocimiento del ministerio de Dios y de su proyecto. Y de la participación de estos con él Lc 24, 13-35.

10. La experiencia del discipulado se realiza en comunidad y con una orientación específica pastoral: buscamos formar presbíteros de calidad para la nueva evangelización. Con ello apuntamos al nuevo modo de relacionarse y de construir el mundo siguiendo el modelo de las iglesias primitivas.
Dentro de la Iglesia se responde al llamado de Jesús a compartir su misión para evangelizar a los pobres. Nuevo ardor, nuevo método y nuevas expresiones con las opciones que nuestras Iglesias particulares de la zona fronteriza eclesiástica lideran.

11. La vocación – misión esta trabajada en el contexto comunitario – eclesial de las propias diócesis: realizamos la formación desde las dimensiones que hacen crecer, para que los candidatos aprendan su futura pertenencia al presbiterio, responsan coherentemente a su vocación, se preparen a recibir el sacramento del orden y respondan a la misión pastoral que ejercerán. Por tanto, asumimos compromisos serios, permanentes y maduros expresados en el ministerio pastoral. Asumimos la espiritualidad propia del presbiterio diocesano. Asumimos la totalidad de las propias diócesis con sus riquezas y pobrezas, sus capacidades y deficiencias.

 

Formación de laicos

Escuchando al Papa

Un encuentro con la Palabra (2)

Conociendo Nuestra Diócesis

Lectio Divina

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