Reflexión


DOMINGO 5 DE NOVIEMBRE DE 2017- 31° DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Evangelio según san Mateo (23,1-12), del domingo, 5 de noviembre de 2017

DICEN Y NO HACEN

Dicen y no hacen.

Jesús ha desenmascarado siempre la mentira que ha encontrado en su caminar diario, pero nunca lo ha hecho con más violencia que cuando se ha enfrentado a los dirigentes de la sociedad. No soporta la actuación de aquéllos que «han sentado cátedra» en medio del pueblo para exigir a los demás lo que ellos mismos no viven. Jesús condena su descarada incoherencia. «Dicen y no hacen.» Hay una profunda división entre lo que enseñan y lo que practican, entre lo que pretenden de los demás y lo que se exigen a sí mismos.

Las palabras de Jesús no han perdido actualidad. El pueblo sigue escuchando a dirigentes que «no hacen lo que dicen». Defensores del orden cuya vida es desordenada. Proclamado- res de justicia cuyas actuaciones están al margen de todo lo que es justo. Educadores cuya conducta deseduca a quienes la conocen. Reformadores incapaces de reformar su propia vida. Revolucionarios que no se plantean una transformación radical de su existencia. Socialistas que no han «socializado» mínimamente su vida.

Pero, no hemos de olvidar que la invectiva de Jesús se din- ge de manera directa a los dirigentes religiosos. Porque también en nuestra Iglesia hay quienes viven obsesionados por aplicar a otros la ley con rigorismo sin preocuparse tanto de vivir la radicalidad del seguimiento a Jesús. También hoy se levantan maestros que detectan «herejías ocultas» y diagnostican supuestos peligros para la ortodoxia, sin ayudar luego positivamente a vivir con fidelidad la adhesión a Jesucristo. También hoy se condena con rigor desde ciertas cátedras el pecado de los pequeños y débiles, y se olvidan escandalosamente las injusticias de los poderosos.

Nuestra sociedad no necesita predicadores de palabras hermosas, sino dirigentes que, con su propia conducta, impulsen una verdadera transformación social. Nuestra Iglesia no necesita tanto moralistas minuciosos y teólogos ortodoxos cuanto creyentes verdaderos que con su vida irradien un aire más evangélico. Hombres y mujeres que vivan su fe. Necesitamos «maestros de vida». Creyentes de existencia convincente. «Con su vuelta a lo esencial del Evangelio, con su cordialidad y sinceridad habrán hecho posible la “desintoxicación” de la atmósfera en la Iglesia» (L. Boros).

José Antonio Pagola

 

 

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