Aplicación a la Vida.

LOS CREYENTES EN ADVIENTO Y EL CONSUMISMO EN NAVIDAD

Padre Emilio Betancur Múnera


“Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor” Cuando los creyentes estamos en Adviento el consumismo ya está en Navidad. El consumismo no requiere Adviento, preparación, ni respeta que el nacimiento del Salvador necesite preparación. Al consumismo preparación es tener en sus bodegas miles de imágenes, belenes, Marías, José, reyes magos y niños Jesús, importados o traídos por contrabando de China. Todos son “made in china” porque sólo hay uno made in Belén. Las fiestas patronales del consumismo es la Navidad. La presentan como fiesta pero es un pretexto comercial. Lo paradójico es que los países cristianos, como los latinoamericanos estén a la cabeza del consumismo navideño.
Con este Domingo iniciamos el tiempo del Adviento, preparación a la Navidad. Navidad no se prepara comprando desde el Adviento. Adviento no es ahorrar para gastar en Navidad. Para preparar la Navidad Isaías el profeta estando en oración oyó y vio como las multitudes ascendían a la colina del templo. En su éxtasis, oyó y vio claramente lo que iba a suceder en el futuro, el gran espectáculo de lo que va a pasar: la reunión de las naciones donde el Mesías va a llegar.


EL ADVIENTO Y LA PAZ


El “futuro” que Isaías contempla no está marcado en un calendario, ni está condicionado por caprichos de la historia: es el cumplimiento del proyecto de Dios para la historia. Este proyecto es una era de paz «En días futuros, el monte de la casa del Señor será elevado en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas y hacia el confluirán todas la naciones. Acudirán los pueblos numerosos que dirán: “Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que El nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor» (Primera lectura Is 12,1-5).


Adviento es para conocer por la Palabra; y de la mano de Isaías, Juan Bautista y María los caminos del Señor y marchar porque se trata de una procesión de creyentes hacia el Mesías de la paz. Es una marcha llena de esperanza, porque en Adviento marchamos en procesión hacia la paz, una paz que debemos seguir construyendo cada día en nuestras comunidades. Quienes van por el camino que lleva del Adviento a la Navidad verán cómo de las espadas forjarán arados y de las lanzas podaderas, ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestraran para la guerra: “¡casa de Jacob en marcha!. Caminemos a la luz del Señor” (Primera lectura).
El mundo de hoy gasta más en armas de guerra mortales que en la alimentación de las poblaciones pobres y sobre todo de la niñez desnutrida. Sin embargo es desde donde nos encontramos “ahora” bien sea en la Ciudad, el país o la Parroquia dónde comenzamos a marchar hacia el futuro. El Adviento se identifica con el grupo, comunidades o personas que inician un tiempo de búsqueda de paz, de espera en el nacimiento del Señor. Adviento es tomar juntos el camino hacia el Salvador que vendrá. En Adviento vamos a procurar venir al templo con frecuencia para recibir la catequesis y celebrar el advenimiento del Mesías.


LA ALEGRÍA DEL ADVIENTO


El evangelio de hoy hace parte del corazón del Adviento porque nos recuerda la vigilancia para la Navidad y la segunda venida del Mesías. Todo se ha cumplido con la venida del Mesías pero no todo se ha manifestado completamente. Los primeros cristianos creyeron inminente el retorno último del Mesías pero nunca olvidaron las palabras de Jesús: “el día exacto y la hora, no lo sabe nadie, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solamente el Padre” (Mt 24,36). Lo que importa es la manera como vivimos hoy la fe; porque según la calidad de fe que tengamos determinará cómo esperamos y lo que esperamos.


LA VIGILANCIA DEL ADVIENTO


El evangelio de Mateo, para este domingo, nos habla de diferentes clases de vigilancia: las parábolas del fiel servidor (Mt 24,45-51), las diez vírgenes (25,113), y los talentos (25,14-30). Además el capítulo final del libro del Apocalipsis da razón de esta vigilancia (Apo 22,12-21). El Adviento es una espera previa a la segunda venida, que busca prepararnos para recibir en Navidad al Mesías: “Velen pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir el Señor” (Evangelio). La exhortación de Pablo (Rm 13,11-14) toma una especial importancia en el Adviento porque “la noche ha terminado y el día comienza”. La imagen del despertar le da vía a la imagen del día y de la noche, luego a la oscuridad y la luz. En el Adviento hay que despertar de la noche, que a pesar de sus músicas y colores, nos ha sumergido en el consumismo de Navidad. “Hermanos: tomen en cuenta el momento en que vivimos. Ya que es hora de que despierten del sueño, porque ahora nuestra Salvación está más cerca que cuando empezamos a creer”. La noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las nieblas y revistámonos con las armas de la ley” (Segunda lectura). El Mesías de Diciembre comienza ya actuar, desde noviembre, Adviento, por la esperanza que crea y la vigilancia que requiere. Debemos cuidarnos del consumismo de Navidad desde Adviento, y para ello se nos ha dado la fe, la gracia y el discernimiento. Caer en cuenta del bien y el mal es don del Espíritu.


En Adviento hay que luchar para no dejarnos cautivar por la aparente luz y real oscuridad de la Navidad consumista. Pablo decía que la lucha requiere de armadura apropiada: “Cíñanse los lomos en la verdad, revístanse la coraza de la justicia, calcen las sandalias de la prontitud para el evangelio de la paz. Pongan de frente el escudo de la fe, en el que se apagarán los dardos incendiarios del mal. Pónganse el casco de la salvación, empuñen la espada del Espíritu que es Palabra de Dios. Constantes en rezar y suplicar; recen en toda ocasión con Espíritu; para ello velen con perseverancia rezando por todos los consagrados; también por mí, para que cuando yo abra la boca, se me conceda el don de la palabra y pueda exponer libremente el secreto de la buena nocia” (Ef 6,14-19). La lucha es más difícil si vivimos en un ambiente pagano o seudo religioso como la Navidad consumista. Nadie, por creyente que se crea, está eximido de las tentaciones del consumismo navideño, porque el espíritu materialista no ha sido vencido. Hay que estar vigilantes para resistir las múltiples tentaciones. Es más difícil la conversión, incluso hablar del tema, en Navidad que en Cuaresma; entre otras cosas porque en Navidad todos las tentaciones son bonitas a los sendos y agradables al gusto, comidas, bebidas, licores. San Pablo le advierte a los romanos en la segunda lectura de la liturgia de hoy: “comportémonos honestamente, como se hace en pleno día. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujurias y desenfrenos, nada de pleitos y envidias. Revístanse más bien de nuestro Señor Jesucristo y que el cuidado de su cuerpo no dé ocasión a los malos deseos”. “Muertos al pecado pero vivos para Dios, en Cristo Jesús”, les enfatiza Pablo a los Corintios (Rm 6,11).


ADVIENTO RECONSTRUYE LA ESPERANZA


El Adviento no es para llenarlo ancipadamente de cosas que, aunque con colorido religioso, nos distraen de la esperanza de la salvación, del nacimiento del Mesías. Desde el Bautismo hasta la unción de los enfermos, cada uno de los sacramentos celebra la esperanza que nació en Belén y tuvo su victoria final en la muerte y Resurrección de Jesús. En las Eucaristías de Adviento la comunidad cristiana se define como comunidad de esperanza que va hacia la fuente de la esperanza que es Navidad y el culmen de la esperanza que es la Pascua. La Navidad de cada año es la celebración de la primera y decisiva venida del Salvador; pero el reino de justicia y paz que inauguró la primera venida no se irá cumpliendo si no en el futuro próximo y mediato: “Gloria a Dios en el cielo y paz en la erra a quienes ama Dios”. Adviento es para iniciar o continuar la construcción de la paz y hacer que prevalezca la justicia; pero es el Señor quien la estableció definitivamente. Isaías nos invita en el Adviento a caminar con mayor confianza “Vengan caminemos a la luz del Señor” (Is 2,5). Porque Jesucristo ya vino pero el Cristo total del que habla san Agustín está llegando, está naciendo y por eso “la creación entera gime dolores de parto”. Theilhard de Chardin ve «que desde el origen de las cosas un adviento de recogimiento y trabajo ha comenzado…y después de Jesús nacer, crecer, morir y resucitar, todo continúa a moverse porque Cristo no ha terminado de formarse. Él no ha atraído de nuevo hacia Él los últimos pliegos del vestido de carne y de amor que forman sus fieles»

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