Del Santo Evangelio Según San Lucas 23, 35-43
En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: "A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido." Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: "Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo." Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: "Éste es el rey de los judíos." Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros." Pero el otro lo increpaba: "¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibirnos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada." Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino." Jesús le respondió: "Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso."

Reflexión

 “RECUÉRDAME CUANDO ESTÉS EN TU REINO”

Padre Emilio Betancur Múnera


Esta bella fiesta es más antigua como contenido que como institución. Es además una de las celebraciones más nobles y expresivas del arte cristiano. El Pantocrátor donde se representa al Rey presidiendo la asamblea litúrgica es un culmen artístico y teológico de esta fiesta. Con razón en muchos templos y sitios religiosos preside, en el centro de la liturgia y reuniones de palabra y oración. Durante mucho tiempo el arte representó la Cruz sin el crucificado; este tenía una corona en la cabeza y sus vestidos eran comunes a un rey “Regnavit a Ligno Deus” (Dios reina desde el leño, Cruz). Esta fiesta al final del año litúrgico corresponde a un final de sinfonía. Más que un resumen del año litúrgico es un armonizador de todos de los temas principales. Es una cúspide en la cual descansamos antes de finalizar el ciclo C, año de San Lucas. Por costumbre todos los pueblos hacen fiesta a sus líderes. Hoy la Iglesia, pueblo de Dios, hace fiesta a su rey y Señor, Jesús. Rey de verdad, vida, santidad, justicia, amor y paz (prefacio). Jesucristo es rey por saber orientar la vida del creyente y ser el primer referente de la vida cristiana.
Jesucristo es rey porque ninguno de nosotros vive para sí ni muere para sí. Si vivimos para el Señor vivimos y si morimos para el Señor morimos. Así que ya vivamos ya muramos, del Señor somos. Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos (Rm 14,7-11): ¿Vivimos de nuestros proyectos o del proyecto de Dios con nosotros? Respondiendo esta pregunta sabremos si Cristo es rey o nosotros somos reyes por reemplazar a Cristo en nuestro corazón. Vivir para el Señor es vivir del don, la gracia y la fe, de las promesas hechas a nosotros por Dios en Jesucristo. Vivir para el Señor es darle gloria a Dios sin intentar quitársela para inflar nuestros egos y mezquinas suficiencias. Es el sol, Jesucristo rey, el centro; lo que gira alrededor somos nosotros, la tierra.

DE DAVID A JESÚS


Hebrón es una ciudad en las montañas de Judá, a unos cuarenta kilómetros de Jerusalén. En Hebrón reposan Abraham, Isaac y Rebeca, Jacob, Lía y José. La caverna de Macpela fue comprada a Abraham para la sepultura de Sara. Hacia el 1200 A .C. Israel entró en la erra prometida después de la muerte de Moisés. Un siglo más tarde las tribus vivían independientes pero con una historia y Dios comunes. Los líderes naturales llamados jueces tenían por misión procurar la convivencia pacífica, resolviendo los problemas de limites tribales. El querer tener un rey para todo el pueblo exigió un sucesor del profeta Samuel quien siempre fue contrario a la realeza (1Re 8). El primer rey fue Saúl 1030 – 110 A .C. su sucesor fue David, un pastor joven consagrado por Samuel, quien se destacó como músico, guerrero y fiel a Saúl. Después de la muerte de Saúl y Jonatán, gran amigo de David, hijo de Saúl, David fue reconocido rey de Israel en Hebrón. El aprecio de las tribus a David lo sentimos en el texto de hoy: “Somos de tu misma sangre, ya desde antes, aunque Saúl reinaba sobre nosotros, tú eres el que conducías a Israel, pues ya el Señor te había dicho: “Tú serás el pastor de Israel, mi pueblo, tú serás su guía” (1 Lectura). Con la imagen de Jesús en el Gólgota nos vamos hacia Hebrón para encontrarnos con las doce tribus de Israel. La llegada de David al trono es menos importante que la de Jesucristo como rey, pero David es una figura de Cristo como Mesías y Rey. Con la nominación de David se salvó la unidad de las tribus de Israel bajo un rey. Esta esperanza se convirtió en un mesianismo universal, la reunión de todas las tribus bajo la guía del Mesías, hijo de David.
El Mesías fue Jesús, el anunciado a María como el hijo del Alsimo (Lc 1,32) en quien descendió el Espíritu Santo (Lc 3,21-22), en quien se cumplió la profecía de Isaías (Is 61,1-2, Lc 4,21). David fue rey de Israel, Jesús Señor y Rey del universo. La construcción del pasaje de la segunda lectura es inspiradora. Debió ser un himno que los cristianos de la época usaron en la liturgia. El himno une la creación y la Redención, la palabra preexistente y la palabra hecha carne. El primogénito de las criaturas fue quien nos redimió y el redentor es aquel por quien todas las cosas fueron creadas. “En él todo fue creado…El, es antes que todo lo demás… El, es la cabeza del cuerpo, la Iglesia. El, es creador, Redentor y cabeza de la Iglesia”. La Iglesia no es Cristo pero El, es el cuerpo; por esto ocupa un lugar privilegiado en los creyentes.

RECUÉRDAME


La celebración de Cristo Rey está enmarcada en tres (3) textos escogidos de acuerdo a la fiesta. El tulo del rey solo se da a Jesús en su entrada triunfal a Jerusalén para dirigirse hacia la Cruz: “Bendito es el rey que viene en nombre del Señor, paz en los cielos y gloria en las alturas” (Lc 19,37-38). Cuenta el evangelista que los nobles, sacerdotes y escribas hicieron comparecer a Jesús ante el Sanedrín donde estaba Pilatos, haciéndole algunos cargos. Entonces Pilatos le preguntó: ¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús le contestó en respuesta, “tú lo dices” (Lc 23,3). Hoy leemos un texto de la Pasión pero todo el relato de la Pasión anuncia la venida del Reino. En la cruz hay un grupo comprensivo con Jesús; y el otro eran sus opositores; uno de los grupos vigilaba y contemplaba (Theorein-theoria, contemplación). El segundo grupo más cercano a la cruz está conformado por los dirigentes judíos que han condenado a Jesús y ahora gritan: “No salvó a otros, que él mismo se salve, si él es el escogido, el Mesías de Dios”. Pero el evangelio nos presenta la oración que dirigió a Jesús uno de los que iba a morir a su lado: “Jesús recuérdame cuando estés en tu Reino”. En la Angua y Nueva Alianza Dios es siempre el primero a recordar: Recuerdo a Noe (Gn 8,1), Abraham (Gn 19,29), Ana (1Sam 1,19); el recuerda su Alianza (Ex 2,24; 6,5), su amistad (Sal 93,8), su misericordia (Lc 1,54), el ser humano (Sal 8,5; Hb 2,5) y los pecados del pueblo (Os 8,13) pero también nuestro amor (Jer 2,2), nuestras oraciones (Hch 10,4) y nuestra generosidad (Hech 10,31). Cuando los Salmistas le dicen a Dios que “recuerde” le están suplicando al único que puede salvar, Jesús. Recuérdanos cuando estés en tu reino es la oración de la Asamblea Cristiana ante el Pantocrátor, rey del Universo.


NUESTRO HOY ES JESÚS


Estamos terminando el año Litúrgico ciclo C. De la mano de Lucas hemos comprendido y celebrado el “Hoy de la salvación”. El hoy no se refiere solo a momentos de la salvación sino que el Hoy es Jesús. El “hoy” de Nazaret se hace presente aquí entre nosotros. Hoy es el año de gracia. Hoy podemos recibir la buena nueva. Hoy se puede derramar la misericordia de Dios sobre nosotros. Lo más importante que a Jesús le ha ocurrido, Lucas lo narra para nosotros como un HOY. El primer hoy es el nacimiento “…hoy nos ha nacido un salvador”. “Hoy se ha cumplido el pasaje de la escritura que acaban de oír, dice Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm. Cuando la curación de los tullidos la gente gritaba fuera de sí: “Hoy hemos visto cosas extraordinarias” (Lc 5,26). A Zaqueo le menciona en dos ocasiones el hoy; “hoy seré huésped en tu casa… hoy ha llegado la salvación a esta casa” (Lc 19,ss). Al ladrón que le pide se acuerde de él cuando Jesús está en su reino le dice; “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,43). Son siete “hoy” sacramentales, pues nos sucede en ellos, hoy, lo mismo que le ocurrió a Jesús. Cuando en la primera comunidad se oía decir “hoy” ya por eso se sabía que Jesús estaba en medio de ellos para realizar el año de salvación del Señor. También nosotros hoy, por la palabra y la fe, experimentamos como salvíficos los hechos de la vida de Jesús.


Cada creyente puede decir hoy “El Espíritu del Señor está sobre mi porque me ha ungido. Me ha enviado… “Todo cristiano es un testigo de la misericordia de Dios con una misión especial a los más pobres, a las víctimas de la violencia, a los desplazados, secuestrados o desechados por la sociedad. Todo cristiano ene que combar la corrupción, el secuestro y todo signo de cultura de muerte porque es un “ungido” para sanar, liberar y proclamar la buena nueva. ¿Se cumple hoy en mi vida, mi familia, mi trabajo, mi cuidad, mi país, esta Escritura? Aunque la comunidad cristiana pertenece a la época del “todavía no” también hace parte del “Ya” (hoy) de la salvación que aún se está desarrollando. La salvación es estar con Jesús por medio de los sacramentos, la predicación, la fe, la comunidad y la Palabra. El paraíso es la morada celestial que Jesús prepara para sus discípulos, como su Padre la prepara para El (Lc 22,28-29). Es el Reino en que Cristo–Rey entra hacia su muerte, en la cual lleva consigo a quienes experimentan la Pascua. Hoy es por tanto el momento de la decisión. Reunidos para la liturgia allí no están los que buscan a Jesús solo en la cruz o hablan únicamente acerca de su muerte. Pertenecemos a la multitud que permanece contemplando vigilante, escuchando las palabras de Jesús: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”; entre tanto nuestra oración es: “Jesús acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”. La Eucaristía es memorial de los que quieren estar en el Reino. La Eucaristía es preguntar y esperar que Jesús nos lleve al Reino. La Eucaristía es el Hoy del Reino que espera su culminación final. La Eucaristía es el encuentro con Jesús muerto y Resucitado. Él es nuestro “Hoy”.

 

 

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