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Biografía 

Pedro nació en Verona, de una familia de cátaros, quizá relacionados con el gibelinismo veronés.

Estudió en una escuela católica en Lombardía, por entonces uno de los centros de la herejía, lo que marcó su educación. Tras estudiar en la universidad de Bolonia, ingresó en la Orden de predicadores (dominicos) de la mano de su fundador, santo Domingo de Guzmán, en 1221.

Inició una actividad apostólica intensa: predicó en el norte de Italia (Milán y Venecia) entre 1232 y 1234. Fue prior en Asti y Piacenza. En Milán fundó el monasterio dominico de San Pedro del Camposanto.

Luchando contra las creencias cátaras, se consagró a la formación cristiana de laicos, a la difusión del culto a la Virgen y a la creación de instituciones para la defensa de la ortodoxia católica.

En Florencia trabó nuevas amistades con los después también canonizados Alexis de Falconieri y los otros seis fundadores de la Orden de Siervos de María, los llamados servitas, siendo su consejero.

En 1251 gracias a sus numerosas virtudes, a ser un gran orador y predicador, a su gran conocimiento de la Biblia y a su severidad en su forma de vida, el papa Inocencio IV lo nombró Inquisidor de Lombardía y prior en Como. Desde que sus superiores lo nombraron en su cargo, evangelizó por toda Italia, predicando en Roma, Florencia, Bolonia, Génova y Como. La gente acudía a verlo y lo seguía, siendo las conversiones numerosas. Habitualmente arremetía contra los católicos de palabra y no de actos.

Murió asesinado el 6 de abril de 1252, el sábado de Pascua, al atravesar el bosque de Barlassina, en las proximidades de Séveso, cuando volvía de Como a Milán. Tenía 47 años. Su asesino, un tal Pietro da Balsamo, llamado también Carino, le dio un golpe de podadera en la nuca y una puñalada en el pecho. El crimen habría sido urdido por el obispo hereje Daniele da Giussano y algunos señores milaneses, entre ellos Stefano Confalonieri. El asesino entró posteriormente en la orden de los dominicos por los remordimientos que le produjo este acto.

¿Qué es la visita pastoral del obispo?

La visita pastoral es una de las acciones del pastor diocesano, confirmada por siglos de experiencia, en la que mantiene contactos personales con los sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas y laicos y laicas; en suma, con todos los miembros del pueblo de Dios que forman una determinada comunidad cristiana, generalmente una parroquia, un colegio, una obra religiosa, un movimiento o asociación.

El Directorio para el ministerio pastoral de los obispos nos recuerda que estos tienen la obligación de visitar su diócesis cada año, total o parcialmente, de modo que al menos cada cinco años visite la diócesis entera, personalmente o por medio de sus colaboradores que pueden realizar este servicio. El periodo de cinco años nos da una pista que considero muy válida sobre el espíritu de la visita pastoral, porque deseo subrayar, ante todo, que no ha de ser en modo alguno una mera formalidad jurídica o administrativa. Reducirla a esta dimensión sería olvidar el espíritu de esta práctica pastoral y privarla de los frutos que, con la ayuda de Dios, hemos de esperar de ella.

Cada cinco años los obispos realizan la llamada visita “ad limina Apostolorum”, es decir, a la “casa de los Apóstoles”. Se refiere sobre todo a la visita o peregrinación a los sepulcros de Pedro y Pablo en Roma para renovar la comunión con el sucesor de San Pedro y obispo de Roma, el Santo Padre. De modo semejante, la visita pastoral a una determinada comunidad o a una obra cristiana es una ocasión para renovar la comunión con el pastor diocesano, para invitar a todos los fieles a la renovación de la propia vida cristiana y a una acción apostólica más intensa.

La visita pastoral constituye una oportunidad para reanimar y, si es necesario, revitalizar las energías de los cristianos y cristianas que colaboran en la obra evangelizadora de la Iglesia en sus distintos campos de acción. Es una oportunidad para agradecerles el trabajo, y también para animarlos y consolarlos ante las dificultades y obstáculos. Asimismo es una oportunidad para examinar el funcionamiento y la eficiencia de las iniciativas destinadas al servicio pastoral.

En suma, la visita pastoral es una acción apostólica que el obispo debe cumplir animado por la caridad pastoral, que lo presenta como principio y fundamento visible de la unidad y la comunión en la Iglesia particular. Para las comunidades e instituciones que la reciben, la visita ha de ser un evento de gracia que refleja en cierta medida aquella especial visita con la que el Supremo Pastor (1 Pe 5,4) y el “guardián de nuestras almas” (1 Pe 2,25), Jesucristo, sigue visitando y redimiendo a su pueblo (cf. Lc 1,68).

En la Iglesia primitiva hallamos un bello precedente de esta práctica. Pablo y Bernabé, terminado su primer viaje misionero fuera de Palestina, con mucha esperanza y no pocas tribulaciones, fueron plantando comunidades en Chipre y en Asia Menor. Pasó el tiempo y un día comentó Pablo a Bernabé: “Volvamos ya a ver cómo les va a los hermanos en todas aquellas ciudades en que anunciamos la palabra del Señor” (Hch 15,36). Fue la primera visita pastoral. Expresa un deseo afectuoso de conocer la vida de la comunidad y habla de “hermanos” y “hermanas”. Ahí está expresado el espíritu de la visita pastoral. 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

 

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